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Mi preparación al parto

Mi embarazo y preparación al parto

Desde que aquellas dos rayitas hicieron su aparición estelar en el test de embarazo supe que mi preparación al parto había comenzado. 

¡Qué exagerada!, pensaréis. Pero no, queridas, de exagerada nada. Os puedo prometer y prometo que, por deformación profesional, en aquel primer día en que supe que estaba embarazada vinieron a mi mente ipso facto cientos de buenos propósitos, ideas, planes de ejercicios e imágenes de mi parto soñado que, no os voy a engañar, tardaron mucho tiempo en irse haciendo realidad. 

Cada mujer es única, su embarazo también

Aunque suene a tópico, así es.

Ningún embarazo es igual a otro.

El mío era lo que llaman un “EDP” (Embarazo Después de Pérdida) pues llegaba tras una pérdida gestacional temprana sufrida 6 meses atrás. Un aborto espontáneo que me dejó más huella psíquica que física y del que, podría decir, no me recuperé hasta pasado el primer trimestre de mi embarazo actual. 

Cuando una ha vivido un aborto previo, con todas las ilusiones truncadas que eso conlleva (y, en mi caso, con un trato por parte de los profesionales sanitarios del hospital que dejó mucho que desear), no vuelve a vivir un embarazo igual. Al menos esa es mi experiencia y la de varias mujeres de mi entorno con una vivencia similar.

El caso es que yo deseaba vivir este embarazo plenamente, a tope de power, súper en forma, súper informada y súper de todo. Pero me encontré con que en el primer trimestre el miedo se apoderó de mí y me paralizó. En lo físico y en lo emocional.

Meses antes de este embarazo me había apuntado al gimnasio. No acudía con gran asiduidad, pero de vez en cuando me marcaba mis clases de zumba, spinning o tonificación, hacía elíptica, cinta… La teoría dice que si eras deportista antes de quedarte embarazada -y no hay contraindicación de tu médico-, puedes seguir practicando deporte durante el primer trimestre (adaptando evidentemente la práctica, por ejemplo: no deportes de contacto -kick boxing, etc.-, preferiblemente reducir el impacto, no cargas excesivas de peso…). 

Pero si sólo eras medianamente “activa”, la recomendación general es que no es este el momento de liarte la manta a la cabeza y apuntarte a la primera carrera que se celebre.

Si te quieres poner a entrenar casi de cero, mejor esperar al segundo trimestre y buscar una actividad que se adapte a tu forma física y tu nuevo estado, el embarazo.

En mi caso, yo no era “deportista”, sólo podía considerarme “activa”. Y de repente me había convertido en una “activa” con mucho miedo.

Fuera lo que fuera, paré en seco. Me hice un bicho-bola en el sofá y contaba los días que quedaban para superar la barrera psicológica de los 57 días que duró mi primer embarazo. 

Creo que os ha quedado claro… Pero, por si acaso, lo recalco: tenía pánico de volver a sufrir una pérdida. 

Preparación emocional al parto En Suelo Firme

“Porque a veces, para poder seguir hay que empezar de nuevo.” Mi libreta del primer trimestre 🙂

Y entonces llegó ella: “Bienvenida, terapia”

Tal era el miedo que una noche me desperté con una terrible pesadilla. Soñé que estaba sangrando y perdía de nuevo el embarazo.

¿Sabéis qué día fue? Sí, el día 57… ¡cómo es la mente!

Por fortuna fue solo eso, un mal sueño. Pero las lágrimas y la ansiedad que me produjeron aquellas imágenes en mi cuerpo me hicieron poner el primer ladrillo de mi preparación al parto: ir a terapia. 

Cómo es la vida. Yo, fisioterapeuta, siempre más preocupada de la parte física que de la emocional, me veía yendo cada semana a vomitarle mis miedos a una (maravillosa) psicóloga perinatal en vez de estar, desde el minuto uno, haciendo ejercicios para tonificar mi cuerpo y mi musculatura perineal…

Pero ya os lo decía más arriba: cada mujer es única y cada embarazo, igualmente, único. Lo que significa que cada una debe escuchar sus necesidades (también únicas) y darse la oportunidad de vivir su embarazo partiendo de ahí, desde cómo se sienta en este momento irrepetible, y prepararse para su parto de forma personalizada (como os cuento al final de este post).

Lecturas preparación al parto En Suelo Firme

Siempre los recordaré y recomendaré con mucho cariño por acompañarme en esta etapa, por todo lo que aprendí con ellos, la cantidad de miedos que disiparon y la de dudas que resolvieron.

Y escuchando mis necesidades y respetando mis tiempos, fueron pasando los días de mi primer trimestre de embarazo. Un trimestre de trabajar de dentro hacia fuera, desde la mente y el corazón, de poner cimientos, de superar, de construir en positivo, de creer en mi cuerpo, de confiar en la vida que se abría paso dentro de mí. 

Un trimestre de dar paseos a medio ritmo con playlists optimistas alegrando mis oídos.  Esa fue la única actividad física que hice durante los primeros meses, aparte de trabajar, claro está, pues “para prevenir un aborto espontáneo no había nada que pudiera hacer, sólo vida normal”. Así me dijo una amiga ginecóloga, al menos en mi caso y, en general, si un médico no te prescribe reposo, el embarazo que sigue a un aborto debe caracterizarse por hacer vida normal, con sentido común. 

Un trimestre de empezar lecturas bonitas y útiles como los libros que me recomendó mi amiga y compañera Ascensión: “Embarazo seguro” y “Parto seguro”.

Un primer trimestre de escritura como vía de escape contándole a mi bebé todo lo que pasaba por mi cabeza, en un pequeño cuaderno que compré días antes de saber la buena nueva. Sí, poderosa intuición la que me arrastró a comprar aquella libreta. 😉

Como veis, no tuve una sola náusea ni un vómito, mi viacrucis fue otro: superar el aborto. Pero con el apoyo adecuado (gracias, Marta “pisco”; gracias amigas, pacientes y familiares que pasasteis por algo parecido; gracias mi amor, por llorar conmigo) y con todas mis ganas, sané aquel episodio y la experiencia traumática que lo envolvió.

Prueba superada: entramos en el segundo trimestre

Pasamos la ecografía de las 12 semanas con nota. Vamos que… todo marchaba fenomenal. Y empecé a quitarme pesos de mi espalda y a permitirme desplegar un poquito las alas. 

Retomé el gimnasio. Hacía elíptica, un poco de bici y caminaba en cinta. Un día me vine arriba y me metí en zumba. ¡Ay, ilusa de mí…! Después de tres meses de caminata suave y mucho sofá… entrar a mover las caderas no me sentó muy allá. Notaba mi pelvis bloqueada, me miraba al espejo en clase y me sentía incómoda con mi figura (ya sabéis, esa tripa que aún no es tripa) y de nuevo los miedos en cada pequeño salto o rebote.

Nada, estaba claro que debía seguir trabajando los miedos tanto o más que los músculos, y que el gimnasio no era para mí, al menos en este embarazo.

Así que empecé a dar paseos más largos, a un ritmo más alto… y llegó el verano y debo confesar que, de tanta alegría que sentía viendo cómo el embarazo se afianzaba, sumado a las canciones tan cañeras que escuchaba, en algún momento me sorprendí trotando por los parques de Madrid.

Poca cosa, no os vayáis a pensar, unas zancadas y ya, pero es que andar se le quedaba corto a mis piernas y me costaba contenerme plegando las alas que se me empezaban a abrir. 

Preparación al parto con En Suelo Firme

Alrededor del quinto mes de embarazo, coincidiendo con la noticia de que esperábamos una niña, mi tripa empezó a crecer e intensifiqué los cuidados posturales.

Alrededor del quinto mes de embarazo, coincidiendo con la noticia de que piojill@ (así le llamábamos hasta la semana 20) era una niña, mi tripa empezó a crecer e intensifiqué los cuidados posturales. 

Cuidados posturales en el embarazo

Trabajar tu postura con ejercicios como los de nuestro curso de suelo pélvico, es esencial para vivir un embarazo sin molestias musculares.

Si hay algo clave durante el embarazo es cuidar la postura: sentada, trabajando, de pie, cocinando, al cargar peso, pasando la aspiradora, etc. En esto yo traía mucho ganado porque tengo una buena conciencia corporal y, entre lo que sé y lo que practico, a día de hoy puedo decir que no he tenido un solo dolor de espalda en todo el embarazo (y escribo estas líneas en mi semana 35, o sea, a falta de un mes para salir de cuentas). 

¿Hacía ejercicios de Kegel? No. Porque sabía que mi suelo pélvico no lo necesitaba de forma rutinaria.

El mío, ojo, que eso no implica si me estás leyendo que al tuyo no le haga falta. Pero, si bien no hacía Kegels, tomaba conciencia en todo momento de cómo estaba mi suelo pélvico y, sobre todo, en situaciones de especial riesgo como toser, estornudar, cargar peso, etc.

En cada uno de estos momentos comprobaba que seguía teniendo una buena coordinación entre mi transverso del abdomen y mi suelo pélvico, que ante cualquier esfuerzo, sin yo pensarlo, mis músculos reaccionaban protegiéndome.

 

Un suelo pélvico a prueba de mudanzas

Sí, aquí una embarazada más cambiando de casa en el peor de los momentos. O tal vez no sea tan malo, cuando tantas lo hacemos.

¿Será por aquello de tirar todo lo viejo y empezar de nuevo?

No sé… pero la cuestión es que sí, hicimos una señora mudanza estando embarazada de 22 semanas y, para más inri, con mi marido recién operado de la rodilla. Éramos un cuadro. Pero lo logramos. 

En esos días sí que intensifiqué de forma consciente la contracción activa de mi suelo pélvico y mi abdomen profundo, lo que llamamos técnica del “Knack” perineal y que te cuento en este vídeo del canal.

Y es que, sumando y sumando, al final fueron muchos días de preparar, embalar y desembalar, de caja va y caja viene, de agáchate aquí y sube escaleras allí, barre, friega, vete al Ikea, sigue trabajando, compra comida, prepara la cena…

Además de poner en práctica los consejos para levantar peso de forma segura, también me fue de gran ayuda utilizar el cinturón pélvico. No todo el tiempo, pero sí cuando tocaba caminar bastante en centros comerciales o estar mucho tiempo de pie decidiendo el reparto de cajones de armarios, organizando la colocación de útiles de cocina.. y un largo etcétera.

Al final del día notaba el cansancio pero era tanta la alegría de ver cómo nuestro sueño se cumplía que todo valía la pena. Y ahí estaban mis músculos, a prueba de mudanzas.

Quien siembra recoge y os aseguro que si durante años has hecho un buen trabajo de prevención de suelo pélvico disfrutarás de los beneficios cosechados cuando lleguen etapas de cambio y evolución, como el embarazo o la menopausia.  

Natación para embarazadas: como pez en el agua 

Y llegaron por fin las vacaciones y nos fuimos a la playa.

Bendita agua, bendito mar… cuánto bien le hace a una embarazada nadar.

Te sientes ligera, ejercitas sin impacto, tonificas todo tu cuerpo y encima es agradable. ¿Qué más se puede pedir?

Mi preparación al parto En Suelo Firme

Aprovechando los días de descanso empezaba a reflexionar sobre cómo quería dar a luz: un parto lo más natural posible pero, por encima de todo, respetado y seguro.

Físicamente me encontré mejor que nunca, sexto mes de embarazo, aunque hiciera calor lo toleraba bien, todo el día en bikini y vestidos ligeros, tripa que va siendo importante pero no te incomoda, dormir sin despertador, comiendo y bebiendo cosas frescas y saludables (bueno, cayeron también helados y algún que otro capricho de verano), y disfrutando, sobre todo y, por fin, disfrutando. 

Empecé a leer sobre lactancia materna, con este famoso libro prestado por mi hermana: “Un regalo para toda la vida“, del pediatra Carlos González, y me siguieron acompañando las lecturas sobre parto: además de las matronas holandesas que os he citado antes, releyendo a Isabel y su Revolución del Nacimiento. 

Aprovechando los días de descanso empezaba a reflexionar sobre cómo y dónde dar a luz. Dicho así parece que fuera la primera vez en mi vida que me lo planteaba, evidentemente no, pero a diferencia de deseos y divagaciones anteriores, esta vez el escenario era real. Había que valorar pros, contras, y estar de acuerdo en lo esencial: siempre he querido un parto lo más natural posible y, por encima de todo, respetado y seguro. Eso era lo que teníamos que buscar.   

No sería hasta septiembre, cuando volvimos a Madrid y retomé el trabajo, que tuve la suerte de cruzarme con pacientes maravillosas que me contaron sus planes de parto, con amigas que escuchan y empoderan sin juzgar, con recomendaciones concretas de hospitales y profesionales y así, entre unas cosas y otras, tras meditarlo bien con mi pareja, decidimos que pariría en hospital.

Pero no en el que me corresponde (donde mi experiencia del aborto me descolocó entera), sino en uno de los hospitales madrileños donde el parto se respeta, y no de boquilla, sino a la luz de la evidencia con protocolos actualizados y tasas que así lo demuestran. 

Septiembre: el mes en que todo empieza y, con él, mi tercer trimestre

Septiembre, el mes donde las energías se renuevan, fue el mes de apuntarme a natación: por libre y en clases semanales específicas para embarazadas.

Ya de vuelta en la ciudad echaba tanto de menos el bienestar que te proporciona el mar, el moverme como pez en el agua y la tripa me empezaba tanto a pesar que… andar ya no era mi actividad favorita.

Ahora prefería estar acuática, como mi niña flotando en su líquido amniótico. Siempre recomendaré probarlo: para mí, una de las mejores decisiones de este embarazo. 

También fue el mes de hacerme con el cojín de lactancia XL, al cual le declaro amor eterno por permitirme dormir cómodamente cuando la tripa empezó a crecer de verdad e impedirme descansar.

Un antes y un después.

Además de acompañarme cuando me voy a la cama, es mi gran aliado en los ratos sentada en el sofá (tenemos la mala costumbre de cenar en el salón y con los cojines normales no me es suficiente para asegurarme una buena postura).

Método 5P Laura Rojas En Suelo Firme

Uno de mis imprescindibles durante el embarazo: Método 5P. Se necesita constancia y corrección en la técnica para saborear sus beneficios 💪🏼

Coincidiendo con la semana 28 de embarazo (algo más tarde de lo que, en general, los fisios recomendamos: “casa de herrero…”) acudí a hacerme una valoración de suelo pélvico con mi amiga Irene que me vino a decir, en resumen, lo que yo ya intuía pero quería confirmar: que estaba estupenda pero que… venga, hiciera un poquito de tronco de propiocepción, que no me vendría mal. 

Yo, que soy muy bien mandada, esa misma semana empecé a darle duro al Método 5P del que tanto predico y tan poco me había aplicado hasta ahora, y, aunque los inicios me costaron (madre, ¡qué dolor de pies!, pobres mis pacientes, ya no me acordaba de lo que era), ahora soy una incondicional del método y me subo casi a diario (descanso cuando voy a nadar). 

Durante todo septiembre seguí trabajando y se hizo imprescindible el uso del cinturón pélvico, tanto para ir y venir de la clínica (a media hora andando) como para el tiempo de pie y en movimiento tratando pacientes. Fue mano de santo para contrarrestar la única molestia que, hasta ahora, he tenido: la sensación de inestabilidad pélvica, un ligero dolor en el pubis y en las articulaciones sacroilíacas (donde se nos marcan esos hoyuelos a algunas mujeres, en la parte baja de la espalda). 

La última incorporación a mi preparación física en este séptimo mes fue hinchar el fitball y empezar a utilizarlo tanto en algunos ratos frente al ordenador, como si venían amigos o familia a casa y ellos se sentaban en el sofá, como para hacer mis ejercicios de movilidad pélvica y propiocepción.

Final del embarazo: preparación al parto

Escribo estas últimas líneas en la semana 35, con tantas ganas de contaros mis últimas semanas de embarazo y mi preparación al parto como de cerrar el ordenador y seguir leyendo “Parir“, de Ibone Olza, mientras me mezco en mi sillón de lactancia, que ahora es mi rincón favorito de lectura y en breve será mi rincón favorito para amamantar a la pequeña.

Sillón de lactancia Cambrass En Suelo Firme

Cuidar la postura durante el embarazo y el postparto es esencial para evitar el dolor de espalda y proteger el suelo pélvico. Aquí mi comodísimo sillón de Cambrass, hasta ahora rincón favorito de lectura durante el embarazo y muy pronto rincón de amor y lactancia con mi bebé.

Me debato entre el mundo externo y el interno, entre lo urgente y lo importante: entre teñirme las canas y preparar la bolsa del hospital, o encontrar el momento para hacer el masaje perineal. Entre poner lavadoras de ropa minúscula y contabilizar (una vez más) los bodies y pijamitas que nos faltan por comprar, o cerrar los ojos y relajarme con música imaginando cómo serán sus manos, sus piececitos, su forma de mirar. 

Y es que, como en toda recta final del embarazo (y si eres un poco marinervios como yo, todavía más) el síndrome del nido se ha ido haciendo notar, intensificándose y, sin saber muy bien cómo, llegando a ocupar el 80% (si no más) de mis preocupaciones y “cosas que me quedan por acabar”.

Entre ellas este post y lo más importante que os quiero contar. Así es, lo mejor para el final. 

De la mano de la decisión de parir en otro hospital, llegó la opción de hacer un curso de preparación al parto diferente, natural, informado y especial.

Nazareth Olivera, más conocida como Naza, de Comadrona en la Ola, ofrecía un taller de fin de semana para parejas a finales de octubre.

Contacté con ella porque esas fechas me parecían muy avanzadas para mi gestación y me daba miedo no tener tiempo para interiorizar y aplicar lo que nos pudiera enseñar… así que nos ofreció la posibilidad de hacer la preparación al parto en nuestra propia casa y con un contenido adaptado a lo que nosotros le mostramos necesitar. 

¿Por qué no acudí al curso que me ofrecía la Seguridad Social? Porque en la primera y única cita que tuve con la matrona del centro de salud, tras preguntarme mi profesión, me dijo (literal): “Uy, mejor no vengas al curso porque siendo fisioterapeuta de suelo pélvico ya te sabes todo sobre ejercicios y me va a dar vergüenza con lo básico que es lo que yo os cuento”. 😳

Tras mi estupor inicial, le dije con todo el respeto que matronas y fisioterapeutas tenemos campos de actuación complementarios, y que hay un montón de cosas que yo, como fisio, desconozco de su área y necesito aprender para vivir plenamente mi embarazo, mi parto y mi postparto. 

Suerte que desde el principio del embarazo tuve acceso al curso online de Preparación al Parto Maternity Training, en el que he colaborado creando el apartado de Ejercicios de suelo pélvico. Un curso accesible y cómodo, con información actualizada a un clic, donde resolver rápidamente tus dudas y donde, además de la parte teórica, ofrecen vídeos de preparación física para el embarazo y el parto (Pilates, Yoga, suelo pélvico, preparación psicoemocional, etc.), recuperación postparto y cuidados del recién nacido.

Considero que toda mujer puede beneficiarse de una buena preparación al parto con una matrona y, además, llevar a cabo una buena preparación física junto a una fisioterapeuta especializada en suelo pélvico. Una cosa no quita la otra y, ¿el resultado? La mujer sale ganando. 

Pero no vi muy convencida a mi matrona de la Seguridad Social y yo menos todavía, así que me puso en bandeja buscar otras opciones.

Y gracias a esa puerta que se cerraba se abrió la ventana de Naza. ¡Qué gran acierto prepararnos con ella!

Han sido dos sesiones de bastantes horas pero que pasaron fugaces y sólo podemos decir que su trato es… incomparable.

Su cercanía (no nos conocíamos en persona, sólo de redes sociales), sus conocimientos y la forma en que transmite, su manera de poner a la mujer y al bebé en el centro del proceso, pero a la vez implicar a la pareja (o acompañante de parto), haciéndole partícipe de su papel fundamental, su capacidad para escucharnos y adaptarse a lo que estábamos esperando…

Mi embarazo En Suelo Firme

Soy esa que todavía hoy se pellizca para saber si todo esto tan bonito que estamos viviendo es realidad o sólo un sueño.

Hemos aprendido, nos hemos reído y emocionado y hemos ganado confianza en este gran equipo que formamos los tres para el día del parto.

Ahora, nada nos haría más ilusión que ver culminar esta preparación contando con la presencia de una matrona como ella a nuestro lado.

¡Ojalá los astros se alineen y cuando Vega decida venir al mundo  le pille a Naza con sus divertidos zuecos calzados! 😉  

Y esta ha sido mi vivencia del embarazo hasta la fecha y mi preparación física y emocional al parto contada en primera persona, quitándome el pijama de fisio de En Suelo Firme y siendo solamente Laura, sin apellidos, la de andar por casa, esa que todavía hoy se pellizca para saber si todo esto tan bonito que estamos viviendo es realidad o sólo un sueño. 

Espero que este relato sincero haya cumplido su propósito: transmitirte que tú, tu embarazo y tu bebé sois únicos. Que cada una de nosotras tiene sus propias necesidades, sus deseos, sus anhelos, sus puntos fuertes y sus momentos de flaqueo…

Te deseo que puedas escucharte, que busques lo que TÚ necesitas, te rodees de aquellas personas que te acompañen en este viaje siempre sumando, en positivo; que no hagas lo que yo haya hecho porque a mí me haya funcionado, que sea un buen profesional quien valore tu caso y te diga si lo mejor para ti es esto, lo otro o aquello; que no dejes que nadie te contagie con sus miedos (pues son eso, suyos, y cada una tenemos ya bastante con gestionar los nuestros); que busques hacer realidad el parto que has soñado y puedas estar abierta, como yo lo voy estando, a que suceda eso… o todo lo contrario.

Gracias por leerme (me ha quedado un poco largo, lo siento), por compartir conmigo estos momentos irrepetibles y por todo el cariño que me habéis transmitido a lo largo del embarazo con vuestros buenos deseos en redes sociales. 

Nos vemos en el canal de YouTube cada miércoles (mientras la peque me deje😉) y cada día en redes sociales. ¡Síguenos para estar al día de todas nuestras novedades!

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ESCRITO POR Laura Rojas

Fisioterapeuta especializada en suelo pélvico y licenciada en Periodismo por la UCM, combina su labor asistencial como fisioterapeuta pelviperineal con su labor divulgativa a través de En Suelo Firme. Su formación y experiencia en el ámbito de la comunicación se unen a una fuerte vocación de servicio y a un inagotable interés por la salud integral de la mujer, desarrollada en el ámbito de la fisioterapia obstétrica y uroginecológica, valorando y tratando los trastornos funcionales del periné, que pueden afectar a nivel urológico, coloproctológico, ginecológico y sexológico, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de la mujer y el hombre en las distintas fases de su ciclo vital.

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