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Prevención en suelo pélvico: por qué cuido mi periné

Especial prevención en suelo pélvico: por qué yo también cuido mi periné

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¿Crees que aún eres demasiado joven para ocuparte de tu suelo pélvico?

¿Consideras que salir a correr habitualmente y machacarte con interminables series de abdominales te asegura un cuerpo 10 sin riesgos para el periné?

¿Piensas que el hecho de no haber tenido hijos justifica que pases olímpicamente de esta parte de tu cuerpo?

O tal vez has tenido un parto vaginal pero, como a día de hoy no sufres pérdidas de orina ni molestias en las relaciones sexuales, ¿crees que está todo en su sitio y funciona bien?

Si has respondido “sí” a alguna de las preguntas anteriores, este post es para ti. Y si no… permíteme decirte que también.

Prevención en suelo pélvico: ojo con los factores de riesgo

Hasta hace no mucho tiempo, yo también pensaba, como tú, que estaba libre de tener problemas en mi suelo pélvico, primero por ser joven y nulípara (no haber tenido hijos) pero, sobre todo, por no darle importancia a los factores de riesgo que en mi vida diaria amenazaban mi salud pelviperineal.

Igual que nos cepillamos los dientes a diario para prevenir la caries y otros problemas bucodentales más complejos, todos y todas (sí, tú que estás leyendo esto también), debemos cuidar nuestro suelo pélvico de manera preventiva, es decir, antes de que aparezcan los síntomas que nos indican que la disfunción ya está aquí. 

Síntomas que van desde las pérdidas de orina y los escapes fecales, a las relaciones sexuales dolorosas o insatisfactorias, pasando por la imposibilidad de aguantar los gases, el estreñimiento crónico, la dificultad para mantener erecciones y un largo etcétera que desde la Fisioterapia de suelo pélvico nos dedicamos a abordar.

Síntomas que tal vez hoy no te afecten pero que podrían aparecer si:

  • Tuviste problemas urinarios o intestinales en la infancia, como por ejemplo enuresis nocturna (hacerse pis en la cama más allá de los 5 años).
  • Estás embarazada.
  • Has dado a luz mediante un parto vaginal.
  • Tienes estreñimiento crónico o habitualmente empujas para defecar cuando vas al baño.
  • Levantas peso con regularidad, bien por tu trabajo o cuando vas al gimnasio.
  • Practicas o has practicado algún deporte de alto impacto.
  • Eres fan de los abdominales tradicionales y los practicas de forma regular.
  • Tienes dolores o molestias en la zona lumbar y pélvica.
  • Estás cerca de la menopausia o ya la pasaste.
  • Tienes tos crónica, o alguna alergia que te provoca estornudos frecuentes.
  • Ejerces aumentos de presión en tu abdomen al cantar o tocar instrumentos de viento.
  • Tienes sobrepeso.
  • Has tenido alguna cirugía ginecológica.
  • Llevas una vida sedentaria.

¿Demasiado joven para cuidar mi suelo pélvico?

Ya, ya lo sé, que todo esto parece que siempre le pasa a otra (o a otro) e incluso puede que lo de las pérdidas de orina te suene a cosas de abuelas.

Pero, ¿sabes qué? De abuelas nada.

Fruto de ciertas prácticas deportivas, malos hábitos y posturas corporales negativas, algunas cosas están cambiando (para mal) en nuestra sociedad y cada vez son más las chicas jóvenes que, habiendo dado a luz o no, tienen problemas de suelo pélvico.

Y como muestra un botón. Que los profesionales del marketing… tontos, tontos… precisamente no son.

Hace unos años era la actriz Concha Velasco la que anunciaba compresas para las pérdidas de orina pero, mira lo que son las cosas, hoy le han bajado el listón de edad a la actriz en cuestión y la que nos “vende” los absorbentes es una monísima, (aún) jovencísima y súper activísima María Adánez.

Prevención en suelo pélvico para evitar la incontinencia urinaria

Ante las pérdidas de orina no hay que conformarse con los absorbentes, existen tratamientos eficaces para evitar y mejorar tu situación.

Claro, como tú no tienes pérdidas de orina… —le dice una alumna, algo mayor que María Adánez, estupenda en su papel de monitora.

Hombre, si me activo claro que sí —reconoce sonriente la profe de fitness.

Pues nada, ya está, dejémonos de consejos saludables, de tratamientos de fisioterapia y de investigación. Compresita, menos vaguería… ¡y a por el step! Que nada va a oler.

(Por favor, nótese mi ironía en la frase anterior).

Bromas pesadas aparte y, aunque en determinadas circunstancias y casos puntuales, yo misma pueda recomendar a una paciente la utilización de absorbentes, NO podemos conformarnos con esto y mucho menos mostrarnos orgullosas ante las pérdidas de orina, como si fuera una consecuencia normal de “activarse físicamente” .

Evidentemente, como te contábamos en este artículo, si la actividad física que realizas con regularidad es una actividad hiperpresiva (es decir, que aumenta la presión en el interior de tu abdomen y tu pelvis) o un deporte de alto impacto (el step lo es y el running también), y no lo compensas con ningún otro tipo de entrenamiento de la faja abdominal ni del suelo pélvico, tienes muchas papeletas para acabar con una debilidad en la musculatura de ambos grupos: abdominales profundos y músculos perineales.

¿Y en qué puede derivar una debilidad muscular de un suelo pélvico y una faja abdominal que no realiza correctamente su función? Sí, en eso que estás pensando… en una incontinencia urinaria o un prolapso.

Aunque parezca extraño, así es cómo aun siendo joven, aun sin haber sido madre y teniendo un cuerpo (suelo pélvico aparte) de diez, te puede suceder que, como a María Adánez (en su papel de monitora), te hagas pis.

El día que me dijeron cómo estaba mi suelo pélvico

Recuerdo cómo hace un par de años me quedé ojiplática cuando una vendedora de cosméticos me soltó: “A tu edad ya deberías llevar años utilizando contorno de ojos y crema antiarrugas”.

¿Yo? ¡Pero si los treinta todavía quedaban lejos! Supongo que aquella chica tenía razón, aunque lo confieso, no le hice mucho caso y, hoy por hoy, siguen sin preocuparme demasiado las líneas de expresión.

Prevención en suelo pélvico

Cada vez son más las chicas jóvenes que, habiendo dado a luz o no, tienen problemas de suelo pélvico.

Pero lo que sí me preocupa es mi suelo pélvico y sus funciones. Mucho más que las patas de gallo.

Y a quienes, por el contrario, siempre he hecho caso ha sido a los fisioterapeutas con quienes he compartido mi experiencia formativa o laboral y, de estos, especialmente, a quienes en algún momento de mi trayectoria han valorado el estado de mis músculos perineales, de mi abdomen o mi estática pélvica, y me han dado, en ocasiones, un tironcito de orejas.

Ese suave tirón de orejas llamado PREVENCIÓN.

A punto de cumplir los treinta, no he tenido embarazos ni partos y no tengo síntomas que puedan alertarme de una disfunción perineal. No tengo escapes de orina. No soy estreñida. En las mujeres de mi familia no hay antecedentes de prolapsos. No cargo pesos a diario y, aunque puede que perder un par de kilos no me viniera mal, no tengo sobrepeso ni obesidad.

¿Y entonces? ¿Qué consideraban mis colegas de profesión que me podía estar perjudicando? ¿Qué le podía pasar a mi suelo pélvico si no empezaba a cambiar?

Algunas de mis prácticas habituales (habituales también para la mayoría de la población) me estaban predisponiendo a sufrir un descenso de vejiga y de uretra, lo que llamamos uretrocistocele.

Esta disfunción, que puede acabar necesitando cirugía para revertirla, consiste en una caída progresiva de dichos órganos (que en su versión más grave llegan a salir al exterior a través de la vagina) y es más frecuente de lo que imaginas: una de cada dos mujeres que han dado a luz sufre prolapso.

Así que, como algún día espero ser madre y, a la luz de las estadísticas, este hecho ya es un elemento que predispone al prolapso, no me ha quedado más remedio que revisar las actividades de mi vida diaria, eliminando y compensando los factores de riesgo.

Hiperpresiones y deportes de alto impacto

Me atrevería a decir, sin estudios científicos de por medio, que en la actualidad el binomio (deportes de alto impacto) + (hiperpresiones abdominales) está presente en la vida de la mayoría de las mujeres jóvenes (y no tan jóvenes) de nuestra sociedad.

Aunque hoy sea fisioterapeuta de suelo pélvico y conozca bien los perjuicios de este binomio, debo reconocer que en un pasado (no muy lejano) también he formado parte de ese grupo.

Del alto impacto por practicar running, step y aerobic, así como ballet clásico (con sus repetidos saltos) durante años. Y de las hiperpresiones porque, seguro que como tú, me he hartado de practicar el crunch y otros tantos abdominales tradicionales en el colegio, el instituto, en el gimnasio, en casa y donde pillara, para conseguir el ansiado vientre plano. Hasta que conocí lo perjudicial que puede llegar a ser para el suelo pélvico.

Deportes de alto impacto y prevención en suelo pélvico

El tándem (deportes de alto impacto) + (hiperpresiones abdominales) está presente en la mayor parte de las mujeres jóvenes (y no tan jóvenes) de nuestra sociedad.

Por si eso no bastaba, canto por afición desde que tengo uso de razón, y hasta que no supe que cantar también ejerce un aumento de presión en la cavidad abdómino-pelvica, he estado sometiendo a mi periné a frecuentes hiperpresiones sin compensarlo con ninguna otra actividad que reforzara la faja abdominal o el suelo pélvico. ¡Premio!

Nunca es tarde, pero mejor cuanto antes

Por fortuna, esos malos hábitos repetidos durante años no me han provocado una disfunción de suelo pélvico, y sus efectos perjudiciales sobre mis músculos perineales y abdominales se han podido revertir.

Pero me pregunto qué habría ocurrido con mi salud perineal de no haberme especializado en esta rama de la Fisioterapia, de no haber tenido acceso a información sobre el tema ni a la valoración por parte de especialistas. En definitiva, de no haberme puesto seria con la prevención en suelo pélvico.

Sin duda habría seguido con mis prácticas perjudiciales e imagino que para cuando hubiera querido ocuparme de esta parte de mi cuerpo (quizá durante el embarazo o tal vez después del primer parto) ya habría tenido síntomas o incluso alguna disfunción.

En cuestiones de suelo pélvico, hacer las cosas mal por desconocimiento, es decir, porque no sabías que eran negativas para tu salud, es triste pero es admisible. Lo que no se puede tolerar es que sabiendo el efecto perjudicial de ciertos factores y teniendo acceso a investigaciones científicas que lo demuestran, sigamos mirando hacia otro lado y poniéndonos en riesgo.

Dice el refrán que “en casa del herrero, cuchillo de palo”, pero yo, por la cuenta que me trae, hace tiempo que me esfuerzo por cambiarlo.

Espero que el artículo de hoy te haya animado, si no lo hacías ya, a preocuparte un poquito por tu suelo pélvico, a preguntarte si necesitas hacer algún cambio y a cuidar de él. Si es así, compártelo en las redes sociales para que cada vez sean más las mujeres con acceso a este tipo de información para poder prevenir futuras complicaciones y disfrutar de una vida plena. 

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